Finanzya empezó como la mayoría de los sistemas de finanzas personales: una hoja de cálculo. Presupuestos, inversiones, patrimonio, proyecciones — todo funcionaba, hasta que dejó de hacerlo. Las fórmulas se rompían, los gráficos llegaban a su límite y mantener una docena de pestañas sincronizadas se convirtió en un trabajo aparte.
Las herramientas disponibles en ese momento tampoco encajaban. Algunas pedían más acceso del que resultaba cómodo; la mayoría se detenía en el gasto del mes, cuando las preguntas interesantes son sobre los años por venir: ¿voy por buen camino? ¿Cuándo podría dejar de trabajar? ¿Cuánto me cuesta esta decisión dentro de diez años?
Así que Finanzya se construyó para responder esas preguntas — primero como proyecto personal, hoy como la herramienta que su creador usa cada día para gestionar sus propias finanzas. Cada función existe porque respondió a una pregunta real sobre dinero real.